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Finalizaba el año 1909, cuando el autor de estos sencillos y modestos pero verídicos relatos aún no llegaba al los 17 años. Lleno de fe, entusiasmo y optimismo, en compañía de un sobrino que había regresado de Europa unos meses atrás luego de una permanencia de varios años en el viejo mundo, abandona las pocas comodidades que podía disfrutar para lanzarse a la conquista de la Patagonia desconocida.
La Patagonia o la mayor parte de ella se hallaba en ese entonces despoblada, la vida era muy dura en estas desoladas regiones, pero la juventud, la decisión y la tenacidad eran armas suficientes para allanar cualquier dificultad que pudiera surgir, a costa de grandes sacrificios y sufrimientos. La vida que quiero describir en estas cuartillas es verídica, es la vida que debía afrontarse para subsistir por esos años de desolación en estos inmensos territorios...
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